Carta 3 – Doce Cartas Contestadas

Tomado de las páginas 9 y 10 del libro “Doce Cartas Contestadas” de Gelson Villegas (1989). Editorial La Voz en el Desierto. ISBN 980-300-818-8

“… en días pasados quería preguntar en el estudio bíblico acerca del corte de pelo en las hermanas, porque en la asamblea, ya hay algunas que lo están haciendo. Pero sentí temor de preguntar, porque también veo que la esposa de uno de los ancianos, creo que se lo ha cortado. Hermano, ¿por qué, ahora, estamos cayendo en lo que tanto criticábamos a los creyentes de las denominaciones?”

Sinceramente, hermano, usted tiene razón en hacer esta pregunta y en estar preocupado por el asunto, pues el mismo reviste una gravedad que muchos, lamentablemente, están ignorando.

El problema en sí no es sencillo, pues, como usted ya se ha dado cuenta, algunos hombres, puestos en responsabilidad en el pueblo de Dios, están dando el mal ejemplo. Y el pueblo razona, tantas veces, con simpleza: “Si la hija, o la esposa, del anciano se cortan su cabello, por qué no hacerlo nosotras”, Dios nunca nos manda a imitar lo malo. Por medio de Juan apóstol nos dice: “Amado, no imites lo malo sino lo bueno”. Hermanos, dice Pablo, “sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” y, el escritor a los hebreos: “… no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas… Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cual haya sido el resultado de su conducta e imitad su fe” (3ra. de Juan 11; Filipenses 3:17; Hebreos 6:12; 13:7).

Por otra parte, cuando se enseña sobre el asunto, simplemente, se recurre a decir que es mundanalidad cortarse el cabello. La Biblia me enseña a mí que tal cosa es mucho más que mundanalidad, es pecado, es rebelión abierta contra lo que Dios ha establecido: Es un atentado descarado contra la doctrina sana que Dios nos ha dado en su palabra. Veamos esto, con atención, en el Libro Supremo.

  • Primera de Corintios 11:14 nos indica que, para el varón, dejarse crecer el cabello es una vergüenza o deshonra igualmente, el verso 6 indica que es también una vergüenza el que la mujer se corte su cabello.
  • Los dos mandamientos (el de cubrirse en la congregación y el de no cortarse el cabello) están dados en el mismo pasaje, por el mismo Espíritu y con la misma fuerza o jerarquía. Entonces, ¿no es una gran hipocresía llevar cubierta sobre un cabello cortado? El Dios que quiere que las hermanas lleven velo artificial en la congregación sobre sus cabezas, es el mismo que ha ordenado y quiere que la mujer que profesa ser de él lleve su cubierta natural (el cabello) como él se la dio. (Puede Ud. leer 1ra. Corintios 11:2-16).
  • Cortarse el cabello es decirle al Dios del cielo mentiroso. Él dice: “… a la mujer dejarse crecer el cabello le es honroso” (11:15), pero la creyente desobediente le dice a Dios, no con los labios, pero peor aún, con los hechos, sí, le dice a Dios que no es así, y se corta su cabello. No es extraño que una creyente que incurra en una rebelión tan evidente contra Dios y su Palabra, pueda inclinarse a una mayor apertura hacia lo malo.
  • Por último, la que comete tal rebelión, no sólo está afrentando al Señor, sino también a su pueblo. Pablo dijo a los Corintios: “nosotros no tenemos tal costumbre (es decir, la costumbre de que las creyentes cortaran su cabello), ni las iglesias de Dios”. En otras palabras, pertenecer al cuerpo, a la iglesia, conlleva en sí, una identificación vital con las prácticas que Dios ha establecido para el pueblo de Dios.

Hermano, tal vez, Ud. se ha dirigido a mí esperando encontrar una solución al asunto. Como le dije, la cosa no es sencilla. El remedio no podemos adquirirlo a la vuelta de la esquina en la farmacia. Entonces, preguntará Ud., ¿no hay nada qué hacer? Sí hay: Ud. puede orar más al Señor por su pueblo, Ud. puede procurar enseñar la Palabra con fidelidad cuando se toque este tema y, también, Ud., por medio de su esposa y de sus hijas creyentes, puede ser un modelo positivo delante del pueblo de Dios.

Hermano, creo que la venida del Señor está muy cerca. Tal evento nos va a librar de la sombría posibilidad de ver corromperse, aún más, al amado pueblo del Señor, en prácticas tan anti-escriturales como la que Ud. está señalando. Con saludos para los suyos, y en esta esperanza de la venida del Señor, me despido de Ud. con el afecto de hermano:

G. Villegas

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