El Propósito de este Simposio

Publicado en las páginas 14 a 16 del libro El Lugar de Su Nombre. Un Simposio sobre la Iglesia. Su Diseño, Doctrina y Prácticas. Por 20 Autores. Tercera Impresión (2000)

Las experiencias de William Williams son interesantes, pero deseamos que despierten en usted el interés de conocer, con seguridad, la voluntad del Señor. Estar satisfecho con la iglesia donde se reúna, no basta. ¿Está satisfecho el Señor con el orden, las doctrinas y las prácticas de ella? ¿Tiene el Señor autoridad en esa iglesia, o domina el hombre con sus propias ideas?

Todo verdadero creyente debe tener el ejercicio de conocer la voluntad de Dios, si desea agradarle en todo. “Ninguno que milita se enreda… a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. Y también el que lucha como atleta, no es coronado si no lucha legítimamente” (2 Tim. 2:4). Un soldado necesita mucho más que celo y energía; no puede pelear a su manera contra el enemigo. Es miembro del ejército bajo el mando del comandante, y le toca aprender la sumisión. El atleta tiene que guardar los reglamentos del deporte, de otro modo puede ser eliminado de la carrera y perder el trofeo. En el Tribunal de Cristo, se pondrá a prueba el servicio de cada uno de nosotros, y según las parábolas de Los Talentos y de Las Minas, en aquel dia el Señor dará el mayor premio a aquel a quien pueda decir: “bien, buen siervo y fiel…” (Mateo 25:21, Lucas 19:17).

No bastará haber predicado para ganar almas para Cristo, sin haber cumplido la totalidad de su comisión: “Id, y haced discípulos… bautizándoles… enseñándoles que GUARDEN TODAS LAS COSAS QUE OS HE MANDADO… (Mateo 28:19). No se recibirá galardón completo por medía tarea sacada. El rey Saúl aprendió en su servicio para Dios contra los amalecitas, que los sacrificios que él hacía con lo mejor (la grosura) de los animales, no complacieron a Dios. “El obedecer es mejor que los sacrificios y el prestar atención que la grosura de los carneros” (1 Sam. 15:22).

Se espera que el simposio que ya tiene en las manos le ayude a aprender cómo el Príncipe de los Pastores, el Señor de la Casa, dio sus instrucctones a nosotros, ovejas de su rebaño, e hijos de su casa.

LOS ESCRITORES

Todos los colaboradores que han escrito en este simposio, con la excepción de uno, son hermanos que han servido al Señor en Venezuela como evangelistas y maestros, quienes han recibido “la diestra en señal de compañerismo”, confirmada por cartas de recomendación, firmadas por ancianos de iglesias, o en el exterior o en Venezuela, y que se han dedicado enteramente a la obra del Señor. Ninguno ha recibido un llamado a ser apóstol o profeta (los cuales corresponden al fundamento de la Iglesia, Efes. 2:20), sino un llamado de Dios a su servicio según el ejemplo de Timoteo o Tito (Hechos 16:2). Por supuesto, hay también muchos ancianos de las asambleas que son igualmente capaces como maestros y, aunque no han escrito para este presente volumen, enseñan la palabra de Dios con integridad.

SUS ESCRITOS

Los artículos han sido escritos con el mismo fin que tenían Bernabé y Pablo, quienes volvieron a Listra, “confirmando los ánimos de los discípulos, y exhortándoles a que permaneciesen en la fe” (Hechos 14:21-22). Las enseñanzas se dirigen a los creyentes de asambleas que se congregan sencillamente en el Nombre del Señor Jesús. También pueden servir para encaminar a otros, más acertadamente en el camino de Dios, como en Hechos 18:26.

El libro no es jactancioso, como si las asambleas aludidas fuesen presentadas como ejemplo; no se puede decir de ninguna: “ciertamente vosotros sois el pueblo, y con vosotros morirá la sabiduría” (Job 12:2). El ejemplo apostólico es el patrón para seguir y no una de las asambleas de Venezuela. El simposio enseña el dechado bíblico que toda iglesia de hoy día debe seguir.

La Iglesia total no consiste del conjunto de miembros de cierta secta o agrupación de iglesias locales, sino de todos los que han renacido por la fe en el Señor Jesucristo; los cuales tienen a Cristo como su Salvador personal, y confían solamente en su sangre para limpiarse de todo pecado. Estos son los verdaderos hijos de Dios, y miembros de la Iglesia total, la cual es el Cuerpo de Cristo (Col. 1:18). Pero, para ser hijos obedientes, tenemos que aprender cómo nos conviene comportamos en la Casa de Dios.

De modo que este libro está escrito con el fin de conducirnos a andar con una misma mente y un mismo parecer. Esto no será posible mientras busquemos cada uno nuestras propias ideas; tenemos que escudriñar las Escrituras, para aprender la voluntad de Dios.

“Así que, hermanos, os ruego que presentáis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino TRANSFORMAOS POR MEDIO DE LA RENOVACIÓN DE VUESTRO ENTENDIMIENTO, para que comprobáis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” (Romanos 12:1).

LOS CAPÍTULOS Y LOS APÉNDICES

Entre los creyentes, hay siempre algunos nuevos, y otros maduros; hay jóvenes y ancianos. En el rebaño, hay los corderos, las ovejas y los pastores. Algunos tienen “necesidad de leche y no de alimento sólido… el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez” (Heb. 5:12- 14).

Para la primera clase pues, se han preparado los escritos presentados en el cuerpo principal del libro en los 16 capítulos. Pero, para el beneficio de los estudiantes y pastores, se han añadido otros escritos en los Apéndices, que les ayudarán a enseñar a otros, y a explicar ciertos detalles con más precisión.

Además de esto, cada tema se ha tratado por varios escritores, y no por uno solo. En esta forma hay más variedad y, a la vez, se complementa el tema y se confirma la verdad. En esta manera, las enseñanzas se dan como en un ESTUDIO BÍBLICO, donde un hermano abre el tema, y luego otros añaden sus pensamientos para tratar diferentes aspectos del mismo tema, para corroborar y completarlo.

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